sábado, 6 de marzo de 2010

Finales que no

2010 va a ser un año triste para mí, televisivamente hablando. De lo otro no hablamos, porque todavía mantengo el propósito de año nuevo de pasármelo bien y encarrilar un poco mi vida, y hoy una alumna china me ha dicho que acaba de empezar el Año del Tigre y que eso nos va a dar fuerza a todos. Que Dios (o el tigre) la oiga. Volviendo a lo televisivo, muy pronto se acaban (por razones muy distintas) dos de mis series favoritas, las dos producidas y emitidas en EEUU por ABC: Lost y Ugly Betty. ¿Debería mencionar que en España también comparten canal? Quizá, pero hablar del desatino con el que mi ex-cadena ha tratado a las dos merecería un par de entradas propias.

Lost ha llegado por fin a su sexta y última temporada, después de que las cabezas pensantes de la serie decidieran, en algún punto intermedio de la tercera temporada -calculo yo- que la cosa sería más fácil de manejar si ponían un horizonte a la vista. La espera previa a esta temporada creó unos niveles de expectación e histeria inauditos en un producto televisivo. Seis semanas después de su comienzo, la decepción generalizada está siendo directamente proporcional a las expectativas de los fans, y de momento sólo podemos darle a lo nuevo de Lost un gran WTF?
Sí, vale, después de los flashbacks y los flashforwards han llegado los flashsideways (sic) y se han creado dos realidades alternativas que tarde o temprano tendrán que converger, pero eso se veía venir desde que el pantallazo final de "El Incidente" fue blanco en vez de negro.
El problema es que los 42 minutos de cada episodio se nos van en unas aventuras en la Isla que cada vez son más de guiñol, con elevadísima presencia del Monstruo de Humo, un personaje que -quizá por el hecho de ser personaje- pone a prueba la fe de cualquiera. Hay también cantidad de decorados de papel-maché, el personaje de Ben ha dejado de ser el malo (¡no!), y Claire se ha frito el pelo. Cuando estamos fuera de la Isla, la sensación de que estamos perdiendo el tiempo es mayor, porque la realidad alternativa de Los Angeles no tiene ninguna sustancia, introduce personajes nuevos que dan MUCHA pereza (ese hijo de Jack a estas alturas de la película), y parece, cada vez más con todos los encuentros fortuitos, que al final va a ser todo un sueño de Antonio Resines.
Vamos, que la esperanza es lo último que se pierde, y Lost ha salvado alguna temporada con un episodio doble al final, pero este no es el comienzo que se merecía la última temporada del fenómeno televisivo y social de la década de los noughties. Quizá tenía que haber terminado antes de que lo hiciese la década y por eso se ha gafado.




Lo de Ugly Betty, mi guilty pleasure de los últimos cuatro años, responde a razones muy diferentes, y tan terrenales como la audiencia. Después de un buen comienzo, la pasada temporada la serie comenzó a desinflarse, y tras una renovación milagrosa y varios cambios en el día de emisión, hace unas semanas la ABC decidió que esta cuarta temporada iba a ser la última de la serie.
Lo cierto es que el declive de Betty no sólo ha sido en número de espectadores, sino que los guiones cada vez son peores y cuentan menos: la tercera temporada todavía tuvo algún momento épico, como el nacimiento del bebé de Christina en plena Semana de la Moda de NY, pero en la presente no está pasando nada de nada. Esperemos que, ahora que saben que this is it, escriban tres o cuatro episodios finales con un poco de gracia, y que Justin Suarez salga del armario de una vez. Una pena que un producto que surgió tan en lo alto, que demostró que de un material original como un culebrón colombiano se podía hacer una comedia de categoría A y que tenía unos personajes tan perfectos se vaya por la puerta de atrás. Pero si es que hasta Wilhelmina Slater es buena ahora... Os dejo con mi momento favorito de la mediocre cuarta temporada, la mañana después de cuando todos-se-lo-montaron-con-alguien en las Bermudas.





En ninguno de los dos casos, a día de hoy, parece que el final vaya a estar a la altura del comienzo -ni del punto medio-, pero esa parece ser la enfermedad de la ficción televisiva (americana) actual: cada año hay al menos 5 primeras temporadas fantásticas, pero ¿a qué limbo van todas esas series, y eso en el caso de que sean renovadas un par de temporadas más? ¿Por qué cada año no hay 5 finales fantásticos correspondientes, y sí muchas cancelaciones in media res o finales de lo más cochambrosos? Si lo sabéis por favor ponédmelo en un comentario.

1 comentario:

Gaziello dijo...

Los dos últimos capítulos de LOST me han exasperado. WWA!! WE WANT ANSWERS!!